“La cultura no se conserva en vitrinas: se cocina, se sirve caliente, se comparte en comunidad”.
Tuxtepec, Oaxaca. — Desde el corazón de la Cuenca del Papaloapan, una comunidad indígena ha logrado colocar su sazón en el mapa nacional. Se trata de Rancho Grande, en el municipio de Valle Nacional, cuya receta de tamal de hongos con atole de pataxte obtuvo el segundo lugar en el certamen nacional “¿A qué sabe la patria?”, una iniciativa que reconoce la riqueza culinaria indígena de México.
Entre más de cien propuestas de todo el país, la receta oaxaqueña fue la única en llegar a la final, reafirmando el papel de Oaxaca como cuna de tradiciones vivas y sabores ancestrales. La preparación será presentada próximamente en el Complejo Cultural Los Pinos, en la Ciudad de México, en una exposición nacional que celebra los saberes milenarios de los pueblos originarios.
Es de mencionar que este logro no es solo gastronómico, es también cultural, político y comunitario; ya que detrás de esta historia están las cocineras tradicionales de Rancho Grande, mujeres que, con sus manos, fuego de leña y memoria colectiva, han cocinado mucho más que un platillo: han cocinado una victoria para su pueblo.
Cabe señalar que este proceso ha sido posible gracias al acompañamiento comprometido de la Maestra Adriana Ferrer y Sandra Carrera, promotoras culturales y defensoras de los derechos de las mujeres indígenas, quienes han acompañado a las cocineras desde una visión de justicia cultural, autonomía y fortalecimiento comunitario.
“El tamal de hongos y el atole de pataxte no solo alimentan el cuerpo, alimentan la identidad. Cada ingrediente, cada técnica, cada historia, es un derecho que ejercemos: el de vivir y compartir nuestra cultura”, expresaron Ferrer y Carrera.
A este equipo se suman también colaboradores solidarios como Fernando Cuevas, Sergio Vázquez y Manolo Hernández, quienes han aportado apoyo técnico, logístico y documental para visibilizar este trabajo a nivel nacional. Gracias a su esfuerzo, las historias de estas mujeres y sus recetas han sido grabadas, contadas y compartidas en distintos espacios culturales.
Este es el tercer año consecutivo en que este equipo impulsa a cocineras tradicionales hasta las fases finales del certamen “¿A qué sabe la patria?”, demostrando que el trabajo constante, en colectivo, con respeto y amor por las raíces, da frutos que nutren mucho más que el paladar.
Este reconocimiento no es solo para una receta: es para una comunidad que ha hecho de su cocina un acto de resistencia, de memoria y de dignidad, hoy, desde Rancho Grande hasta la Ciudad de México, sus voces y sabores están siendo escuchados, saboreados y celebrados.

