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POZO KREM-1 LA HERIDA QUE SIGUE ABIERTA EN LAS CHOAPAS

POR: JANETH JAVIER CHIÑAS/ ADVNOTICIAS

CUARTA Y ÚLTIMA PARTE….

SUBDIRECTORA DE PEMEX SE PRESENTA 120 DIAS DESPUES DEL SINIESTRO

Ciento veinte días después de la explosión del pozo Krem-1, la subdirectora de Petróleos Mexicanos (Pemex), Marcela Villegas Silva, realizó su primera visita a Las Choapas como la funcionaria de mayor nivel jerárquico enviada por la empresa para atender la contingencia. Su presencia ocurrió luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum solicitara información sobre el avance de las acciones implementadas para controlar la emergencia.

Durante su visita sostuvo una reunión con autoridades municipales, representantes de Pemex y habitantes de comunidades afectadas. Sin embargo, evitó responder cuestionamientos relacionados con el diagnóstico técnico del pozo, las causas que prolongaron la contingencia y las acciones previstas para remediar los posibles daños ambientales una vez concluida la emergencia.

La funcionaria señaló que toda la información oficial sería difundida a través del área de Comunicación Social de Pemex.

En el encuentro, representantes de las comunidades reiteraron que persisten los problemas de salud reportados desde el inicio del siniestro, así como las afectaciones a cultivos, pastizales y cuerpos de agua. También insistieron en la necesidad de contar con estudios independientes que permitan conocer el impacto ambiental que ha dejado la contingencia.

Durante la reunión, personal de Pemex informó que los monitoreos de calidad del aire realizados mediante la Unidad Móvil operada por el Instituto Mexicano del Petróleo indican que los contaminantes registrados se mantienen dentro de los límites establecidos por la normatividad ambiental.

Asimismo, responsables de la Unidad Médica Móvil de Pemex reportaron la entrega de más de 13 mil 600 medicamentos, vitaminas y sueros durante las jornadas de atención en las comunidades cercanas al pozo. De acuerdo con la empresa, una parte importante de estos insumos fue destinada a pacientes con cuadros diarreicos que, según el personal médico, estarían relacionados con enfermedades de origen viral y no con la contingencia petrolera.

No obstante, habitantes de los ejidos sostienen que, a pesar de las brigadas médicas, los fuertes olores a hidrocarburos persisten, al igual que las molestias respiratorias, la irritación en ojos y garganta y la incertidumbre sobre las consecuencias que una exposición prolongada podría tener para su salud y para el medio ambiente.

MANTIENEN UNIDAD DE MONITOREO AMBIENTAL

Mientras continúan las labores para controlar la contingencia, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) mantiene instalada una Unidad Móvil de Monitoreo Ambiental en la comunidad de Río Playas, con el propósito de evaluar de manera permanente la calidad del aire y otros indicadores ambientales en la zona de influencia del pozo Krem-1.

De acuerdo con información presentada por Petróleos Mexicanos (Pemex), los análisis realizados hasta el momento indican que los contaminantes monitoreados no rebasan los límites máximos permitidos por la normatividad vigente, por lo que, según esos resultados preliminares, no existirían riesgos ambientales para la población.

Sin embargo, habitantes de las comunidades cercanas manifiestan que las condiciones observadas en la zona contrastan con esos reportes. Aseguran que el intenso olor a hidrocarburos continúa presente, especialmente durante los periodos de lluvia, cuando, afirman, el ambiente se vuelve más pesado y las molestias respiratorias aumentan.

Los pobladores sostienen que esta situación mantiene la preocupación por las posibles consecuencias para la salud. Diversos estudios científicos han documentado que algunos compuestos orgánicos volátiles asociados a la industria petrolera, como el benceno, el tolueno y el xileno, pueden provocar irritación en ojos y vías respiratorias, además de afectar el sistema nervioso cuando la exposición ocurre durante periodos prolongados o en concentraciones elevadas.

Aunque el monitoreo permanece a cargo del Instituto Mexicano del Petróleo, habitantes de los ejidos consideran necesario que los estudios sean revisados también por instituciones académicas y organismos ambientales independientes, con el fin de brindar mayor certeza sobre las condiciones reales del aire, el agua y el suelo en la región.

NUBES DE GAS: EL RIESGO INVISIBLE QUE PERSISTE TRAS EL INCENDIO

A más de cuatro meses de la explosión del pozo Krem-1, el principal motivo de preocupación dejó de centrarse únicamente en las llamas. Aunque el fuego ha sido controlado de manera intermitente como parte de las maniobras técnicas, especialistas y habitantes advierten que el riesgo no ha desaparecido. Ahora la atención se concentra en un enemigo invisible: la emisión constante de gases hacia la atmósfera.

De acuerdo con el periodista de investigación Audelino Macario, imágenes satelitales y registros aéreos documentaron que una cantidad importante de gas crudo continúa escapando al ambiente sin ser consumida completamente por la combustión, lo que mantiene la preocupación por la calidad del aire en las comunidades cercanas.

La situación también evidencia la limitada información pública disponible sobre la magnitud de estas emisiones. A pesar de las solicitudes realizadas por distintos sectores, hasta el momento no se han difundido de manera amplia estudios técnicos que permitan conocer el volumen de gases liberados, su composición química o el comportamiento de su dispersión en la atmósfera.

Para especialistas en materia ambiental, una vez controlado el incendio, la atención debe concentrarse en el monitoreo permanente de la calidad del aire, la identificación de los contaminantes presentes y la evaluación de sus posibles efectos sobre los ecosistemas y la salud de la población.

Mientras esos estudios concluyentes no sean públicos, las comunidades continúan conviviendo con una incertidumbre que no puede observarse a simple vista, pero que, de acuerdo con sus habitantes, se percibe cada día en el aire que respiran.

MÁS DE CUATRO MESES EXPUETOS A LOS CONTAMINANTES

Más de cuatro meses después de la explosión, la emergencia dejó de medirse únicamente por el tiempo que el pozo permaneció en llamas. Para cientos de familias de la zona rural, la verdadera dimensión del desastre se refleja en la transformación de su vida cotidiana.

Aunque Petróleos Mexicanos (Pemex) sostiene que los monitoreos realizados hasta el momento no muestran niveles de contaminación que representen un riesgo para la población, habitantes de los ejidos cercanos aseguran que la realidad que enfrentan cada día es distinta. Afirman que el intenso olor a hidrocarburos continúa presente, especialmente durante las noches y en temporada de lluvias, obligándolos a convivir con un ambiente que consideran cada vez más difícil de soportar.

Ursino Hernández Hernández, habitante de la comunidad La Guadalupe-El Jabón, asegura que la atención médica proporcionada por Pemex se ha limitado a la entrega de medicamentos para aliviar momentáneamente los síntomas.

“Solo nos dan pastillitas”, expresa. “Tengo más de cincuenta años viviendo aquí y nunca habíamos pasado por algo parecido. Ya casi no hay trabajo y las cosechas se están secando.”

La contingencia también ha impactado la actividad escolar. Laura Daniela Hernández, docente de una de las comunidades afectadas, relata que cerca de la mitad de sus alumnos registra ausencias frecuentes debido a problemas de salud.

Explica que, aunque el uso de cubrebocas se ha convertido en una medida cotidiana dentro de las aulas, algunos estudiantes presentan irritación en ojos y nariz, vómito y erupciones en la piel, molestias que, según los padres de familia, se intensifican cuando el olor a hidrocarburos invade la comunidad.

Vicente Hernández, campesino de la región, señala que los cultivos y los pastizales muestran un deterioro progresivo. Afirma que la humedad que permanece sobre las hojas no corresponde únicamente al rocío de la mañana, sino a un residuo que, de acuerdo con su percepción, proviene de las emisiones del pozo y que con el paso de los días termina por dañar la vegetación.

Para Eneyda Gómez Zeas, la contingencia transformó por completo la vida de su familia y de gran parte de la comunidad.

“Ahora vivimos enfermándonos. Hay vómito, diarrea, dolor de cuerpo, fiebre, gripe… familias enteras se enferman constantemente”, relata.

La habitante cuestiona la información difundida por Pemex y considera que los reportes oficiales no reflejan lo que ocurre diariamente en las comunidades. Mientras el personal de la empresa permanece en la zona únicamente durante sus jornadas de trabajo, afirma, los habitantes conviven las 24 horas con los olores, las emisiones y la incertidumbre sobre las posibles consecuencias que esta contingencia dejará para las futuras generaciones.

Más allá de las cifras oficiales, los testimonios recabados durante esta investigación muestran una realidad compartida por decenas de familias: la percepción de que la emergencia no terminó con el control del incendio, sino que continúa presente en el aire, en los campos, en los cuerpos de agua y en la vida cotidiana de quienes permanecen en las comunidades cercanas al pozo Krem-1.

LA ESPERANZA DE “APAGAR “EL POZO Y QUE REGRESE LA TRANQUILIDAD

En la zona cero, el paisaje difícilmente recuerda al que existía antes del 5 de marzo; el panorama de la vegetación que ha cambiado a tono árido a causa de los pastizales quemados y un terreno marcado por los efectos de una de las contingencias petroleras más prolongadas registradas en el sur de Veracruz.

Aunque en los últimos días se anunció el sofocamiento de las llamas como resultado de las maniobras para controlar el pozo Krem-1, la emergencia no ha terminado. El intenso olor a hidrocarburos continúa impregnando el ambiente y, de acuerdo con los habitantes de los ejidos cercanos, en algunos momentos resulta prácticamente insoportable. A ello se suma un persistente zumbido proveniente de la zona de operaciones, donde la maquinaria especializada continúa trabajando para lograr el control definitivo del pozo.

En el sitio permanecieron equipos y personal especializado que tuvieron que enfrentar condiciones extremas de temperatura para avanzar en las labores de contención. Entre la maquinaria utilizada destaca una retroexcavadora modificada con sistemas de protección térmica para permitir que el operador pudiera soportar el intenso calor generado por la contingencia.

Sin embargo, “apagar” el pozo no significará el final de la historia. Especialistas consultados coinciden en que, una vez concluida la emergencia operativa, comenzará una etapa igualmente importante: determinar, mediante estudios científicos independientes, cuál fue el impacto que las emisiones de gases y la posible contaminación tuvieron sobre el aire, el agua, el suelo, la biodiversidad y la salud de las comunidades que permanecieron expuestas durante más de cuatro meses.

Hasta que esos estudios se realicen y sus resultados sean públicos, continuará la incertidumbre entre cientos de familias que esperan respuestas sobre las consecuencias de una contingencia que transformó su entorno y su forma de vida.

Mientras tanto, en los ejidos de Las Choapas, la esperanza sigue siendo la misma desde aquella mañana del 5 de marzo: que el estruendo desaparezca definitivamente, que el aire vuelva a ser respirable, que los arroyos recuperen su transparencia y que los campos vuelvan a teñirse de verde.

Porque para quienes han vivido esta emergencia desde el primer día, extinguir el pozo Krem-1 no representará únicamente el control de un accidente industrial; Significará la posibilidad de recuperar la tranquilidad, la salud y la confianza de que algún día podrán volver a vivir en un entorno que, durante meses, permaneció dominado por el fuego, los gases y la incertidumbre.

Editor Informador de la Cuenca

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