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Adiós a León-Portilla: Johansson, Martínez Baracs, Navarrete y Hoeflich

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A solicitud de la agencia informativa Apro, el historiador galo Patrick Johansson Keraudren (primer traductor al náhuatl de Esperando a Godot de Samuel Beckett) escribió una elegía para su profesor Miguel León-Portilla, fallecido hace unas horas en la capital mexicana y quien el pasado 22 de febrero había cumplido “93 años de juventud acumulada”:

“Hoy México perdió a su más grande humanista, los indígenas a un defensor incansable de sus derechos, y en lo personal, con profunda tristeza, veo partir a mi maestro y entrañable amigo. Ma ximocehuitzino notlazotemachtiani amo queman nimitzilcahuaz: ‘Descansa querido maestro, nunca te olvidaré’.

 El 22 de febrero pasado, al conmemorar su 93 aniversario en el Instituto de Geología, Johansson manifestó a León-Portilla, presente en el homenaje de la UNAM (cuya crónica reproducimos al final de esta nota):
 “La obra inmensa de Miguel León-Portilla es el resultado de un trabajo asiduo, apasionado y comprometido. Quiero decir que no sólo contribuyó, en gran parte, a mi formación como investigador del mundo prehispánico y muy específicamente de la lengua, la cultura y la historia de los pueblos nahuas, sino que definió mi destino

“Miguel León-Portilla es una luz, una tea, tlauilliocotl; un tlamatini, un sabio. Historiador, filósofo y maestro, abre caminos que son surcos en los que siembra la semilla de la reflexión, y del amor no sólo a la sabiduría sino también al solar nativo y a su gente.”

Asimismo, Rodrigo Martínez Baracs, doctor en Historia y Etnohistoria, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, dijo a su vez para Apro:

“Era un hombre realmente extraordinario, no sólo por la capacidad que tenía para asimilar, para leer, para saber tanto, sino por su generosidad para devolverle todo lo que él sabía a sus lectores, a los mexicanos, pero también a toda la gente del mundo. Él recibió el favor de una inteligencia superior e hizo su mayor esfuerzo para devolverle al mundo eso que había recibido.

“No fui su alumno, nunca fui a ninguna de sus clases; pero éramos amigos, lo leía yo mucho y teníamos mucha confianza para hablar de todas las cosas. Aún discrepando, él era muy respetuoso de las opiniones de otros. Mi relación con él se intensificó un día que me dijo:

–Háblame de tú, ¿por qué me hablas de usted?,

–Pues por respeto– le dije.

–No, no, háblame de tú”.

“Y ya con el ‘Oye, Miguel…’ la confianza aumentó muchísimo. Una vez escribí una reseña y hasta una pequeña crítica de algo suyo y después me invitó a presentar un libro suyo y me insistió: “Oye Rodrigo, pero di lo que quieras, no tienes que hablar bien de mí, tu nada más di lo que tengas que decir”. Fue muy, muy respetuoso y muy generoso. Es lo que puedo decir de mi tan querido Miguel, que junto con su esposa, Chonita Hernández Triviño, su esposa, eran una pareja formidable. Ella es una mujer de una inteligencia también muy grande, de una cultura enorme, de una generación semejante a la de don Miguel.

A su vez, Carlos Navarrete Cáceres, arqueólogo y maestro en Ciencias Antropológicas, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, expresó para Apro:

“Su muerte es una noticia muy triste. Se va un ser humano y un ciudadano muy importante por su lucha en favor de las lenguas indígenas y de la dignidad en sí de los pueblos indígenas de México, por sus denuncias y su solidaridad con los mismos.

“Y en el aspecto de la historia, no sólo es una pérdida para la historia antigua de México, sino para la arqueología, porque sus trabajos tienen una base importantísima para los que nos dedicamos a la reconstrucción del pasado tanto en sus investigaciones sobre el mundo tolteca, todo el aspecto de la literatura y la poesía náhuatl como de las culturales prehispánicas en general, yo creo que eso lo hace irremplazable en ese aspecto.”

Por último, Alejandro Frank Hoeflich, doctor en Física Nuclear, fundador del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM y compañero de León-Portilla en El Colegio Nacional:

“El doctor Miguel León-Portilla fue un gran hombre, un humanista y un sabio. Uno de los más grandes que ha tenido nuestro país. Su visión del México prehispánico y de la conquista cambió para siempre la manera de entender nuestra historia. Tuve el enorme privilegio de conocerlo. Es una gran pérdida. La UNAM, El Colegio Nacional y todos aquellos para los que la cultura y el saber son fundamentales, estamos de luto. Descanse en paz.»

Homenaje en el Museo de Geología

Apenas cumplidos sus 93 años el pasado 23 de febrero –en el Hospital Español donde estaba internado, recuperándose de una bronquitis–, el doctor Miguel León-Portilla recibió un homenaje de la UNAM en el Museo de Geología, frente a la Alameda de Santa María.

El acto no pudo ser más contundente, pues el conferenciante era su alumno, el también doctor y nahuatlato francés Patrick Johansson, quien comenzó así:

“Miguel León-Portilla nació muy cerca de esta Alameda, Según me lo comunicó doña Ascensión, su esposa, nació en una casa situada en la Calle Sor Juana Inés de la Cruz, esquina con Cedros”.

Afuera, tras el enorme ventanal desde el que se recortaba la figura del investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en el centro de la Plaza, se admiraba el imponente Kiosko Morisco, pabellón que representara a México en 1895 en la Exposición Universal de Nueva Orleans, Estados Unidos, y que durante décadas estuvo en la Alameda Central de la ciudad.

Con ayuda de algunas imágenes y textos en pantalla, Johansson Keraudren abrevió enormemente su ensayo “El estudio del pensamiento y literatura náhuatl: Vida y obra de Miguel León-Portilla”, frente a un público ávido –más de cien personas–, jóvenes la mayoría, tras ser presentado por el director del extraordinario recinto decimonónico inaugurado por Porfirio Díaz, el paleontólogo Luis Espinosa Arrubarrena.

El doctor repuso inmediatamente:

“Si recordamos los planteamientos culturales que presidían al nacimiento, en tiempos prehispánicos, su ombligo está enterrado allí lo que lo arraiga de alguna manera en este lugar”.

Su texto de 17 cuartillas fue reducido al máximo para ajustarse a cincuenta minutos de duración, en los cuales repasó parte de la vida de León-Portilla, su trayectoria intelectual, su producción bibliográfica, sus aportes históricos, todo empezando a partir de un retrato del padre Angel María Garibay, quien lo iniciara en los estudios de la poesía y el mundo náhuatl.

Puso ante el público en la pantalla su traducción de un poema de Nezahualcóytl y leyó fragmentos de sus propios versos:


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